Una iniciativa FEDER
La inteligencia artificial está transformando la manera en que las empresas analizan la información, toman decisiones y afrontan sus procesos de transformación. Pero para que esta transformación genere un impacto real, no basta con incorporar tecnología: también es necesario entender cómo aplicarla y qué cambios implica para las organizaciones.
En esta nueva entrevista de “Mujeres que impulsan la IA”, hablamos con María Arribas García, una profesional con una amplia trayectoria en transformación empresarial y tecnología, para conocer su visión sobre el impacto que está teniendo la inteligencia artificial en las organizaciones y, especialmente, sobre las oportunidades que abre para las pymes.
A lo largo de la conversación, María aborda algunos de los principales retos y oportunidades que plantea la IA, desde la mejora de procesos y la toma de decisiones hasta la necesidad de incorporar criterios éticos y de diversidad en su desarrollo y aplicación.
Para empezar, cuéntanos brevemente quién eres y cuál es tu relación con la Inteligencia Artificial.
Soy María, directiva con más de 20 años transformando negocio a través de la tecnología. En los últimos años me he especializado en llevar la inteligencia artificial a la primera línea del negocio, actuando como puente entre la estrategia y la ejecución técnica. Actualmente soy Directora General de QALEON, donde ayudo a empresas y organizaciones a integrar la IA de forma ética, sostenible y rentable. Estoy convencida de que la verdadera transformación digital no es tecnológica, sino cultural.
¿Cómo está cambiando la IA tu forma de trabajar y qué impacto crees que está teniendo ya en el día a día de las empresas?
La IA ha cambiado mi forma de trabajar, y creo que le está pasando lo mismo a cualquier persona ya sea directivo o no, que lo esté aplicando con consciencia, en serio. Antes trabajábamos con datos históricos para tomar decisiones sobre el futuro; ahora tenemos información actualizada en tiempo real, lo que nos permite anticiparnos a los cambios en lugar de reaccionar a ellos. Ese cambio de «reaccionar» a «anticipar» es, para mí, la verdadera revolución.
En el día a día de las empresas lo veo en tres planos muy concretos. El primero, la mejora de procesos: tareas que antes consumían horas de análisis manual ahora se automatizan y liberan tiempo para pensar en estrategia, no en operativa. El segundo, la medición: hoy podemos medir con una precisión que antes era impensable, y lo que no se mide no se puede mejorar. Y el tercero, quizás el más importante, es el apoyo a la toma de decisiones estratégicas: la IA no decide por nosotros, pero nos da la información correcta, en el momento correcto, para decidir mejor.
Y ahí es donde creo que estamos viviendo un cambio de era: hemos pasado de ser espectadores de la revolución tecnológica a ser hacedores. Las empresas ya no solo observan la transformación digital desde fuera, la protagonizan. Somos players activos, no solo consumidores de la tecnología. Y eso exige una gran responsabilidad: usar la IA con criterio, con ética y con un propósito de negocio claro, no por moda.
Desde tu experiencia, ¿cuál es una de las principales oportunidades que ofrece la IA a las pymes y que todavía están desaprovechando?
Si tengo que quedarme con una, diría que es la capacidad de competir con estructuras de gran empresa sin tener esos presupuestos. Durante años, tener información de mercado en tiempo real, analizar a la competencia o anticipar tendencias era un lujo reservado a empresas grandes que podían pagar consultoras o departamentos enteros de análisis. Hoy, con la IA, una pyme puede acceder a ese mismo nivel de inteligencia de negocio con una fracción de la inversión.
Muchas pymes siguen viendo la IA como «algo de grandes empresas» o como un chatbot para atención al cliente, cuando en realidad su mayor potencial está en el back office: mejorar la gestión del stock, afinar la previsión de ventas, optimizar precios, detectar a qué clientes hay que prestar atención antes de que se vayan a la competencia. Son decisiones que antes se tomaban por intuición o experiencia, y que ahora se pueden tomar con datos.
La oportunidad real no es una herramienta concreta, es un cambio de mentalidad: dejar de ver la IA como un gasto tecnológico y empezar a verla como una palanca de competitividad. Las pymes que den ese salto van a competir en igualdad de condiciones con jugadores mucho más grandes; las que no, corren el riesgo de quedarse fuera del mercado, no por falta de buen producto, sino por falta de velocidad de decisión.
¿Qué recomendarías a una empresa que quiere empezar a utilizar IA, pero no sabe por dónde empezar?
Lo primero que le diría es que no empiece por la tecnología, que empiece por el problema. Veo muchas empresas que se lanzan a «implementar IA» sin tener claro para qué, y eso casi siempre termina en proyectos con poco éxito y que no generan impacto real. La pregunta no es «¿qué IA implantamos?», sino «¿qué decisión, qué proceso o qué cuello de botella nos está haciendo perder tiempo, dinero o clientes?». Ahí es por dónde hay que empezar.
Mi recomendación siempre pasa por tres pasos. Primero, identificar un caso de uso concreto y acotado, algo medible y con impacto visible en pacas semanas; nada de proyectos faraónicos como primer paso. Segundo, apoyarse en los datos que ya tiene la empresa, aunque no sean perfectos: casi siempre hay más información valiosa de la que se piensa, solo que está dispersa o sin explotar. Y tercero, y esto es clave, involucrar a las personas desde el principio. La IA no la implanta un departamento de sistemas solo, la adopta toda la organización, y si el equipo no entiende para qué sirve o la ve como una amenaza, el proyecto está condenado antes de empezar.
Y añadiría una cuarta recomendación, transversal a todo lo anterior: hacerlo con criterio ético desde el primer día, no como un parche al final. Preguntarse qué datos se están usando, con qué consentimiento, con qué sesgos, y qué transparencia se le da al cliente o al empleado sobre cómo se están tomando esas decisiones. Empezar bien desde el principio ahorra muchísimos problemas después, tanto reputacionales como legales.
¿Qué importancia crees que tiene que haya más mujeres participando en el desarrollo y la aplicación de la IA?
Tiene una importancia enorme, y no lo digo desde un lugar de discurso o con un enfoque de género, sino de necesidad real. La IA no es neutra: aprende de los datos con los que la entrenamos y de las decisiones de quienes la diseñan. Si en esas mesas de diseño solo hay una mirada, un tipo de experiencia de vida, vamos a construir una tecnología con puntos ciegos. Ya hemos visto casos de sistemas de IA que discriminaban en procesos de selección de personal o que fallaban en reconocimiento facial con determinados perfiles, precisamente porque faltaba diversidad en el diseño y en los datos con los que se entrenaron. Eso no es sólo un problema técnico.
Y no hablo solo de quién programa el algoritmo. Hablo de quién decide qué problema resolver, quién define qué es «éxito» para ese proyecto, quién se pregunta a quién puede perjudicar esa solución. Ahí es donde la diversidad, y no solo de género, sino de disciplinas y de trayectorias, marca la diferencia entre una IA que amplía oportunidades y una que perpetúa desigualdades ya existentes.
Por eso creo que no basta con «más mujeres programando». Hace falta más mujeres liderando estrategia de IA, tomando decisiones de negocio sobre cómo y dónde se aplica, y sentadas en los comités donde se decide qué se automatiza y qué no. Es ese el lugar desde el que intento aportar. Creo que estamos en un momento en el que el conocimiento cotiza al alza porque genera una ventaja competitiva en las empresas comprobada. Las empresas que no incorporen esa diversidad en sus equipos no solo están dejando talento fuera un talento muy necesario, están cerrando puertas a su propia rentabilidad y escalabilidad.
¿Qué es lo que más te entusiasma y qué es lo que más te preocupa del futuro que estamos construyendo con la IA?
Lo que más me entusiasma es la magnitud de la oportunidad. Nunca habíamos tenido una herramienta con este potencial para transformar empresas, para que organizaciones de cualquier tamaño compitan mejor, decidan mejor y liberen a las personas de tareas repetitivas para dedicarse a lo que de verdad aporta valor: pensar, crear, relacionarse.
Pero no puedo hablar de entusiasmo sin hablar también de lo que me preocupa, porque van de la mano. Me preocupa la falta de ética en muchos desarrollos de IA. Me preocupa que sigamos sin una legislación global que proteja los datos y, sobre todo, a los colectivos más vulnerables. Me preocupa la falta de formación de las personas y de los equipos en las empresas sin entender del todo su alcance ni sus riesgos. Y me preocupa, quizás por encima de todo, la velocidad: estamos avanzando muy rápido, sin medir con suficiente rigor el impacto real que esto tiene en las empresas y en la sociedad.
Y hay una preocupación muy concreta que para mí es central: que dejemos a parte de la sociedad fuera de esta transformación. Personas con capacidades diferentes, personas mayores, colectivos que no han sido tenidos en cuenta ni en el diseño ni en la implementación. Si construimos el futuro de la IA pensando solo en quien ya tiene acceso, vamos a crear la brecha más grande de nuestra generación, no una brecha digital, sino una brecha de oportunidades.
La visión de María Arribas pone de relieve el potencial de la inteligencia artificial para transformar la actividad empresarial, pero también la importancia de aplicarla con criterio, ética y propósito.
Desde la Oficina Acelera pyme de AECIM seguimos dando visibilidad a mujeres referentes en tecnología y acercando a pymes, personas autónomas y proyectos emprendedores las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial para avanzar en su transformación digital.



